062. LA VERACRUZ DESDE LA CAPILLA DE LA SANGRE.

1 05 2010

Antigua fotografía del paso de la Vera-Cruz, con la Virgen del Mayor Dolor y el San Juan vestidos con mantos de tela, por la calle Palacios. Al fondo se pueden observar los muros del convento de San Agustín. La imagen pertenece a la salida procesional de 1930, el Viernes Santo por la mañana, horario que se decidió por la lluvia en la medianoche del Jueves. Hubo tantas personas en la calle que la cofradía, que entonces radicaba en la capilla de La Sangre, decidió en 1931 también salir el Viernes por la mañana. En los dos años siguientes la Vera-Cruz decidió dejar de procesionar como plante de las cofradías al Gobierno de la Segunda República.

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053. SOBRE EL SANTO ENTIERRO MAGNO.

30 03 2010

En el pregón del Domingo de Pasión, y en este pasado domingo me lo preguntaban en Onda Luz, sugería trabajar en común para la coronación canónica de Nuestra Señora de la Soledad, en nombre de todas las Dolorosas de El Puerto y culminar esa iniciativa con la convocatoria de un Santo Entierro Magno. Sería rendir honores a la imagen que durante siglos ha reunido más devoción en la Semana Santa de El Puerto y sería una forma de relanzar el ambiente cofradiero portuense e implicar a todas hermandades en un esfuerzo común.

Con la Semana Santa en ebullición, os rescato los datos del único Santo Entierro Magno que se celebró en El Puerto, en el año 1946, sin motivo en concreto, sólo por la iniciativa municipal de promover una Semana Santa de más realce.

La Soledad, a la salida de la Prioral, en una imagen de 40 años antes: en 1906

Se cumplen, por tanto, 64 años de la primera y única procesión magna  que ha contemplado la Semana Santa portuense. 
Un acontecimiento con el que sueñan algunos cofrades sólo tuvo lugar en El Puerto en el contexto de unas condiciones económicas muy difíciles, la de la posguerra, y en medio del clima de exaltación de los valores ultraconservadores.
Pese a la modestia de recursos y patrimonio con que se contó para tal acontecimiento, las crónicas citan la “expectación y brillantez” con que se desarrolló el cortejo.  Lamentablemente no constan documentos gráficos de aquel Santo Entierro Magno  de 1946 que pudo legarnos estampas realmente memorables.

El 19 de abril de dicho año, noche de Viernes Santo, por acuerdo de las juntas de gobierno de las seis hermandades portuenses (entonces no existía un organismo como el consejo cofrade), con ayuda económica del Ayuntamiento, se acordó celebrar el desfile de Pasión con los pasos titulares de las distintas cofradías acompañando a los tres del Santo Entierro y a imitación de otras localidades donde esta tradición estaba asentada.

La localidad vivió con atención el inédito cortejo, que partía desde la plaza de España.
 En el lugar se congregaron todos los pasos, con la incorporación desde San Joaquín de Flagelación y Vera-Cruz (recién instalada en la parroquia de la calle Cielo). La celebración arrancó a las ocho y media de la tarde, con la salida de los guiones de todas las cofradías participantes desde la Puerta del Sol de la Prioral.
 El orden de los pasos siguió el de la Pasión: Flagelación, Nazareno, Humildad, Misericordia, Vera-Cruz, la alegoría de Las Escaleritas, la urna del Santo Entierro y el palio de Nuestra Señora de la Soledad.
 En total, una comitiva de ocho pasos, con abundante representación de penitentes de las distintas corporaciones, más la presencia de la Corporación municipal bajo mazas.

Dicen que el transcurrir de la procesión  por la carrera oficial en Larga no fue excesivamente lucido debido a las obras que se estaban acometiendo en esta calle del centro. Lo de las incomodidades por las obras en Semana Santa no es nada nuevo. Los ocho pasos eran entonces llevados por cuadrillas profesionales, lo que supuso contratar cargadores de otras localidades al no haber suficientes en El Puerto. En el apartado de marchas, la banda de la Agrupación Musical Portuese era la encargada de ir detrás del palio.

El Cristo de la Flagelación fue portado en su sencillo paso originario, en madera oscura y de líneas rectas. El Cristo de la Humildad  y todo su conjunto de misterio (el anterior al actual de Castillo Lastrucci) presidía el  paso sobredorado anterior al que se vendió en 1977. La Misericordia  figuró con su titular originario, el Crucificado que se halla en el castillo de San Marcos,  en un paso sencillo que llevó al titular hasta mediados de los años 50. La Vera-Cruz recién estrenaba entonces su actual paso, tallado por José Ovando, y el Nazareno en su anterior paso de madera oscura, también obra de Ovando.

El Santo Entierro en su urna plateada era llevado en el paso de estilo barroco sobredorado que fue encargado por la hermandad sevillana de La Bofetá en su fundación en 1925 y adquirido por la hermandad porteña unos años antes. El palio de la Soledad era uno anterior al actual, de dimensiones más reducidas y de respiraderos sobrios, iluminada la imagen con los candeleros de bronce que fueron retirados en 1977. La Cruz de Las Escaleritas era llevada  en una sencilla parihuela, portada a hombros por varios hermanos vestidos de nazarenos.

En este blog  nos haremos eco en próximas fechas de la procesión magna mariana en El Puerto de 1954.





043. FRAGMENTOS DEL PREGÓN QUE ACABA DE FINALIZAR.

21 03 2010

FRAGMENTO DEL CRISTO DEL AMOR.

Y la estampa de la escuelita de don Joaquín Corredera, donde ese mismo niño aprendió a leer cabalgando por las sílabas de la cartilla Palau, en el inicio de una oscura calle Larga que aguardaba el inquietante cortejo de cruces de aquellos penitentes capuchinos, que se le antojaban frailes fantasmas entre el aleteo de las panarrias. Caladas capuchas blancas que antecedían al Cristo Negro que por Cielo se dirigía al penal y que con la fúnebre luz de sus hachones dibujaba sombras de dolor en los bodegueros muros de la plaza de los Jazmines y en los mármoles del Sagrado Corazón, con las graves voces de Radio Juventud de Cádiz relatando lo que sucedía en el interior de los patios, durante unas esperas que se hacían eternas y exasperantes para ese pipiolo portuense cuyo máximo anhelo era precisamente convertirse en locutor.

El Cristo del Amor está ante la puerta del presidio, y en cachazudas maniobras es izado con cuerdas para que sea portado al interior. Lo estoy viendo subir al Cielo. (Fotografía: Arturo Barbudo).

Cristo de las Tinieblas,
de los páramos de vinagreras,
de las calles flanqueadas por jaramagos y romazas
Cristo Negro de arrabales
Amor y Silencio en las Oscuridades
añorado Señor de las Capuchinas
Jesús Liberador en los penales

Resuena y araña la saeta de un preso,
con su lastimero quejío,
atraviesa aguda el aire frío
y en las rotas carnes deja un beso

Prisioneros del penal de El Puerto
hombres vivos que en su tormento
deseaban estar muertos
¿Qué estremecimiento no sentirían
cuando ante sus ojos aparecía
Dios en su inmenso dolor expuesto?

Ladrones y asesinos
asaltantes y proscritos
rebeldes sindicalistas
y disidentes políticos
menuda tropa de desheredados
velaban a Cristo Muerto en su Sacrificio

Una colmena de olvidados
una legión de sobrecogidos cautivos
que en la Noche del Jueves Santo
lloraban al compartir con Jesús su injusto suplicio.

Se cumplía lo que aquel Nazareno
siempre desea
estar al lado de quienes sufren
y otorgar su perdón a los que le rodea

Lacerado Salvador que redime
Cristo del Amor de las Capuchinas
Jesús Negro de las condenas.
Qué grandiosa sombra sublime,
Dios que arrancaba los barrotes y cadenas

El Cristo del Amor, portado por los presos, en el interior del antiguo Penal del Puerto.

FRAGMENTO DE LA VIRGEN DEL DESCONSUELO

Tengamos, por eso, fe en la esperanza. No olvidemos en nuestras oraciones y aspiraciones de Pasión y Pascua a quienes los tiempos parecen que nunca cambian para ellos. Para las familias que, con los corazones helados de abandono, afrontan un paro incierto como un túnel largo y desalmado. Para los jóvenes que suman los días uno sobre otro en un futuro opaco. Para los inmigrantes que a sus incógnitas de hallar entre nosotros una estabilidad que se les resiste, tienen que bregar además con miradas de desdén y reproches ignorantes.
Nunca sabremos cuándo las candongas del destino nos pueden llevar a ser inmigrantes o refugiados. Hace algo más de 300 años todos nuestros antepasados, todos los porteños, tuvieron que huir de esta ciudad para escapar de una muerte segura a manos de las tropas inglesas y holandesas que desembarcaron en el Guadalete, a la altura del monasterio de la Victoria, para el saqueo más feroz que hemos sufrido aquí. Y aquellos portuenses refugiados, casi desnudos como los hijos de la fatalidad, llevaron hasta Jerez la imagen de la Patrona para salvarla. Peor suerte corrieron las tallas de la Soledad o del Cristo de la Humildad y Paciencia, que fue destrozado y relevado posteriormente en 1720 por la sufriente imagen que veneramos en la capilla de la Aurora. Qué tropelías debió de sufrir la bellísima talla de Nuestra Señora del Desconsuelo y Buen Viaje. (Fotografía: Arturo Barbudo).

La observo ahora reventada en su dolor, zarandeada en su desconsuelo infinito, pesarosa ante la angustia, ante la incertidumbre y la duda pese a que en su corazón de corredentora reposa la certeza de una Resurrección segura.
Es la imagen de la Madre a punto de chillar, de salir corriendo por los laberintos de los callejones de Jerusalén en la letanía de su abatimiento. Lágrimas entre capas cárdenas y candeleros de llamas tibias y penitentes.

Confíame, Señora
Qué negros temores sobre Ti se ciernen
¿no te alientan tus presentimientos
Cuando por tu Santo Puerto
vas pisando rosas y claveles?

¿No contemplas las caras de los portuenses
que en la noche del Jueves
te rezan y miman?
¿Que tu rostro a todos conmueve
En ese llorar que nunca se termina?

Cuéntame Señora
¿Cómo podría calmarte
siquiera un instante
Con una plegaria en tu Aurora?
Tantos siglos en tu desconsuelo
Sin que nadie pueda enjugarte
Ese llanto de terciopelo
Del morado de tu estandarte

¿Tanto te hacemos sufrir
Galilea quebrantada?
Que por nuestros pecados
Asumiste dedicada
ser la Esclava del Señor
y Dolorosa Madre Inmaculada

No me llores, Madre Mía
Que está cerca esa Aurora
La mañana llega, Señora,
a iluminar el nuevo día.
El Desconsuelo
tendrá consuelo al final
en el reencuentro con tu Hijo
en su Naturaleza Inmortal

Antiguo exhorno del paso de Ntra. Sra. del Desconsuelo.

Reina del Desconsuelo, déjame acompañarte…

Déjame entre los racheos de tu gente
Y acariciar esos respiraderos
del cobijo de tus costaleros
que te levantan soberanamente…
Déjame enamorarme nazarena
Cuando los geranios de los balcones
Perfuman el palio de tus amores
Al pasar brillante por la calle Arena

No me llores, Desconsuelo
Que ante tanto llorar
El Puerto se arremolina
a acurrucarte entre tus bambalinas
y fortalecerte en tu pesar
No sufras más, Madre Mía
Que nunca te faltará la compañía
De tus buenos hijos de la Humildad





025. LA CONCEPCIÓN A LOS PIES DE LA VERA-CRUZ.

10 03 2010

Esta bella Inmaculada que está en el altar de San Joaquín es la Virgen de la Concepción que se veneraba en la ermita de los Caminantes, que oficialmente lleva el nombre de la advocación mariana, en el parque de la Victoria. La imagen fue llevada al templo en 1984, tras ser asaltada en reiteradas noches la ermita, entre la desidia municipal. La capillita la cuidaba la familia Álvarez-Campana y una mañana se encontraron la imagen rota en el suelo, tras robar los exvotos y jarrones que aglutinaba la ermita.

Como parque de mis juegos infantiles y por muchas otras vinculaciones, el parque de la Vïctoria tendrá su sitio en el pregón del Domingo de Pasión y antes de esa cita reclamo desde aquí que se restaure la ermita y se ponga remedio al desastre que ha dado muerte definitiva a una alameda clásica que ha malvivido por el abandono a la que le ha sometido el Ayuntamiento.

Eso sí, todos los partidos, de todos los colores, y por supuesto los que más tiempos han estado gobernando en el Ayuntamiento, han mantenido su desinterés por el parque de la Victoria  y más aún en concreto hacia la ermita desde que fuera destrozada con nocturnidad y alevosía y que sólo se acuerdan de ella cuando la hermandad del Rocío hace su salida.

“Ermita de los Caminantes”. Óleo sobre tabla. 50×70 cms. Anónimo. Donado por Valerio Marín a la Academia de Bellas Artes de Santa Cecilia.

De verdad, tras un cuarto de siglo,  ¿no ha habido dinero suficiente en el Ayuntamiento para remediar ese destrozo, de una capilla que estaba en pie desde principios del siglo XVII? La Victoria, en su conjunto, es la viva imagen de lo que fue esta ciudad, en lo que ha sido en los últimos años y en lo que la han (hemos) convertido.

Imagen actual del Paseo de la Victoria.





014. PREGONEROS (I)

27 02 2010

Pregón de la Semana Santa pronunciado en el Teatro Principal, el 16 de marzo de 1959, por el profesor y poeta, José Luis Tejada Peluffo.

Presidencia del Pregón del año 1959.

Pregón de la Semana Santa pronunciado en el Teatro Principal, el 3 de abril de 1960, por Francisco Montero Galvache.

Presidencia del acto: podemos ver, de izquierda a derecha a  Luis Almansa, Jefe Local del Movimiento y cofrade del Cristo del Amor, Neto, el concejal Fernando Arjona Cia, el Arcipreste de la Ciudad, Manuel Salido, el alcalde en funciones Javier Fernández Prada, el párroco de San Joaquín, José María Rivas y el concejal Eligio Pastor Nimo.





013. EL SAN PEDRO DE HUMILDAD Y PACIENCIA.

26 02 2010

El paso del San Pedro que hasta 1948 formaba parte del cortejo de la hermandad de la Humildad y Paciencia. El Gallo en la columna que acompaña al Apóstol implorante por haber negado a Cristo produjo alguna que otra anécdota, como recoge Luis Suárez, ya que al desprenderse del paso la gente alertaba: “el gallo, el gallo”, momento en el que la banda de música, a ‘petición popular’ se lanzó con el pasodoble dedicado al torero El Gallo. La imagen, de cartón piedra, se destrozó a raíz de un fuerte aguacero tras haber quedado olvidada en el patio trasero de la Prioral.





003. ÚLTIMO VIA CRUCIS DEL CRISTO DEL AMOR.

17 02 2010

FOTO 1. Último Vía Crucis de la Asociación piadosa Cristo del Amor, el Viernes Santo por la mañana en 1976. Tras el traslado de las Capuchinas a La Caridad, la imagen llevada al penal fue el Cristo del Perdón del Espíritu Santo.

FOTO 2. Con anterioridad la talla del Cristo del Amor era llevada a hombros por los internos del Penal. En el patio de la prisión, los funcionarios, con el uniforme de gala; en las ventanas superiores, los presos agolpados tras las rejas presencian el Vía Crucis; en primer término, a la derecha y sin la capucha, un hermano de la Asociación Piadosa. Era costumbre liberar a un penado que estuviera próximo a finalizar su condena o que la hubiera redimido por el trabajo o ‘buena conducta’.